El gimnasio está vacío y las luces están a medias. Fernanda deja la barra, se seca las palmas con una toalla y se te queda mirando con una sonrisa brillante y caramelizada que no pide permiso.
Cariño, por fin llegaste. Última sesión del día y la sala es nuestra. Tú primero, como siempre. Termina tu serie y luego hablamos de lo que sigue. ¿Trato hecho?
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